Estudiando la carta a los Romanos

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    Martes, 25 Octubre 2011
  • Semana
    24.10.11
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Así que os ruego”—Pablo implora, suplica (es la misma palabra como en Ef.4:1). La ley dice, “te mando”, pero la gracia dice “te ruego”. La obediencia a la ley se basa en el temor (la persona obedece por miedo al castigo); la obediencia del evangelio se basa en el amor

“Por las misericordias de Dios”— Recordar cuán misericordioso y compasivo Dios ha sido con nosotros, debería ser un gran incentivo para una vida cristiana piadosa. Si Dios ha sido compasivo y clemente conmigo, ¿no debería yo dar mi vida y mi todo para servirle?

“Presentéis vuestros cuerpos”— “es equivalente al “ser”. Cuando das a Dios tu cuerpo, tú estás dándole todo lo que eres y todo lo que tienes. Podría traducirse “Que se presenten a Uds mismos”.

“Sacrificio”—todo creyente del Nuevo Testamento es un sacerdote y los sacerdotes ofrecen sacrificios. El sacrificio pertenecía totalmente a Dios, era de ÉL. Un creyente sacerdote ha de ofrecerse y darse a sí mismo a Dios

“Vivo”—en contraste con los sacrificios de animales del Antiguo Testamento que eran inmolados y terminaban muertos. Pablo espera que le entreguemos toda nuestra existencia

“Santo”—, consagrado, apartado para el servicio de Dios.

“Agradable”—aceptable. Dios no se agrada cuando los creyentes se niegan a darle su todo. ¡Que nada se interponga entre nosotros y nuestro Salvador!

“Racional” – la palabra es “lógiko”. A la luz de lo que Cristo ha hecho por nosotros, darnos enteramente a ÉL mediante un acto de total consagración, es la única cosa RACIONAL Y LÓGICA que podemos hacer. Ninguna otra cosa tiene sentido para el verdadero creyente.

 

Romanos 12:1 es un recordatorio constante para cada creyente de que no nos pertenecemos a nosotros mismos, porque hemos sido comprados por precio (1 Corintios 6:19-20). No tenemos el derecho de usar nuestro cuerpo como nos guste; como siervos amantes de Jesucristo tenemos el deber de usar nuestro cuerpo como ÉL quiere. Hemos sido comprados con sangre y estamos ligados por amor. Hemos de presentarnos a nosotros mismos a Dios como vivos de entre los muertos (Rom. 6:13). A la luz de la misericordia y de la gracia de Dios demostrada en el Calvario, ¿cómo podríamos hacer menos?

 

“No os conforméis”—el verbo significa “ser modelado por, amoldar o adaptar una cosa a otra”. Pablo está diciendo, “No permitas que el mundo te presione dentro de su molde”. No seas moldeado por las poses, conversaciones, expresiones, estilos y hábitos de este mundo.

“Este mundo” = esta edad (tiempo presente, sistema). En 2 Corintios 4:4 leemos que Satanás es el “dios de este siglo (edad)”. (Gálatas 1:4; 2 Tim. 4:10; Tito 2:12), Estamos en este mundo, pero no hemos de vivir como los que son de “este mundo” y que forman parte de este sistema mundial que está en oposición al verdadero Dios vivo.

“Transformaos”— La palabra griega es metamorphosis (la notable transformación de una oruga en una mariposa). Esta palabra se usa en Mt 17:2 para la transfiguración. El Señor fue cambiado de tal manera, que Su gloria interior llegó a ser visible en el exterior. Aquí y en 2 Cor 3:18 la palabra se usa para el proceso de transformación que tiene lugar en la vida cristiana cuando el creyente es conformado más y más a la imagen de Cristo (más como ÉL hoy, de lo yo que era ayer; más como ÉL mañana, de lo que soy hoy). Ya hemos visto en el Libro de Rom que el propósito de Dios es conformarnos a la imagen de Cristo (Rom. 8:29). El tiempo del verbo está en presente (en 2 Co. 3:18): hemos de ser constantemente transformados. Es un proceso que no terminará hasta que estemos con Cristo (1 Jn 3:2). El verbo está en voz pasiva (en 2 Co.3:18), indicando que no somos nosotros mismos los que hacemos el CAMBIO O LA TRANSFORMACIÓN. Nosotros SOMOS transformados. Esto es algo que Dios hace en y por medio de nosotros.

“Por medio de la renovación de vuestro entendimiento”. “Adaptar nuestro pensamiento y nuestra visión moral y espiritual a la mente de Dios, lo cual tiene un efecto transformador sobre nuestras vidas”. La mente del creyente debe llegar a estar saturada con la Palabra de Dios, de modo que pueda ver, pensar y sentir cada vez más como Dios ve, piensa y siente. El clamor del corazón del creyente: “Quiero querer lo que Dios quiere, nada más y nada menos. No quiero nada sino lo mejor de Dios. No se haga mi voluntad sino la Tuya”.