


Lucas 6: 45 – Jer. 12:2 – Prov. 10:31 – Efesios 4:29
Estamos viviendo tiempos donde las palabras, la forma de hablar, nuestros dichos, se están deteriorando de manera acelerada. Algunos culpan a la vulgaridad, otros a los nuevos medios de comunicación, y otros dicen que es característico de la postmodernidad que vivimos. Sin embargo, debemos redescubrir la importancia y trascendencia de nuestras palabras para entender la forma en que ellas pueden determinar nuestro futuro.
La fe se activa por medio de lo que nuestra boca proclama: “Porque con el corazón se cree para justicia, pero con la boca se confiesa para salvación” Romanos 10: 10.
Nuestra fe es productiva no solo cuando creemos sino cuando también la exteriorizamos, la declaramos. Es por eso que la palabra de Dios nos insta a proclamar alegría y gozo; fortaleza; sanidad; Justicia divina; Paz y abundancia en los tiempos en que los problemas llegan a nuestra vida.
En Santiago 3: 2-12 se nos explica el efecto de las palabras que decimos, pero también el origen de ellas.
El bien y el mal, la bendición y la maldición necesitan de una lengua que lo diga, lo declare para que se cumplan, para que se haga realidad aquí en la tierra.
Pero en esencia el problema no está en la lengua sino en la fuente que es el Corazón. La lengua es el vehículo, el instrumento, pero no la fuente. Debemos cambiar el contenido de la fuente que es el corazón para que todo lo que exprese y diga también cambie; y mis palabras me inspiren, me desafíen, me generen mejores condiciones para que mis días sean mejores.
En las escrituras el término corazón aparece más de 900 veces. En muy pocas veces hace referencia literal al órgano de nuestro físico. Salvo estas excepciones; la gran mayoría de las veces su uso hace referencia a: Las emociones, intelecto o a la voluntad.
Las emociones: (Jeremías 17: 8-10)
No se trata de apagar las emociones porque, en general, son buenas y nos ayudan. Pero muchos cristianos rigen sus vidas siguiendo de manera sobredimensionada sus emociones. Esto les hace ciclotímicos, tienen épocas de euforia donde todo está bien; pero también tiempos donde todo es complicado, difícil, casi imposible. Por momentos declaran palabras PODEROSAS, de BENDICION, de ESPERANZA…. Pero inmediatamente de esa misma boca salen palabras de desánimo, de inseguridad, de temor.
Al intelecto: (Fil 4: 8 y 9)
Con que llenamos nuestro intelecto, nuestros pensamientos: qué leemos, qué conversamos, qué miramos y, finalmente qué influencia dejamos que permee nuestra mente.
A la voluntad, las decisiones: (Prov. 3: 5-8)
Nuestras decisiones deben ser guiadas por el Señor, sin embargo no siempre es así.
En muchas ocasiones tomamos malas decisiones por: Orgullo, por ignorancia o por estar confundidos.
Somos cristianos verdaderos cuando tenemos un corazón nuevo que se expresa por la boca. Si en tu boca hay palabras inadecuadas, pesimistas, hirientes, sin esperanza, es porque en tu corazón no hay fe.
Pídele perdón al Señor por lo inadecuado que has dejado entrar a tu interior, en tu corazón. Dios quiso y quiere entrar en tu corazón y cambiarlo. Si le abres el corazón, tus palabras también cambiarán y verás y experimentarás los mejores días, un futuro glorioso y soñado que tu boca a partir de hoy proclamará.