El Hecho de la Resurrección

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    Lunes, 25 Abril 2011
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    25.04.11
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EL HECHO DE LA RESURRECCION

El Cap. 16 de Marcos comienza con la intención de ir a perfumar el cadáver de Jesús, según la costumbre hebrea. Jesús había sido sepultado apuradamente antes del comienzo del sábado. Las mujeres no esperaban encontrarse con la tumba vacía. Obviamente la resurrección de Cristo no fue el resultado de su fe ni de sus expectativas. La Biblia es clara en cuanto a que la resurrección no estaba en la mente de los discípulos, no era una idea a priori. Tanto para las mujeres que concurrieron de mañana como para los discípulos que se enteraran posteriormente, la resurrección fue una total sorpresa, fue un hecho real que golpeó su credulidad.

 

Pero decían entre sí: ¿Quién nos removerá la piedra de la entrada del sepulcro? Mc 16:3

Las mujeres fueron temprano a la tumba. Ellas no podían declarar bien que es lo que creían o esperaban, pero había algo en sus corazones que les movía por los caminos de la fe. La tumba estaba cerrada por una gran piedra. Ellas lo sabían y la habían visto. No obstante se encaminaron de mañana hacia la tumba y aunque se preguntaban ¿quién removerá la tumba?

Ellas fueron antes que cualquier otra persona, no se tomaron la molestia de que los demás entendieran sus motivaciones. Ellas corrieron conforme al impulso del amor por Jesús, que era más grande que las dificultades que se puedan presentar.

Un hombre hubiera buscado un equipo, unas cuerdas, unas palancas, hubieran desayunado para estar fuertes, hubieran tomado las cosas con calma.   Pero las mujeres actuaron por fe. Y solo la Fe es la que nos hace dar grandes saltos, la que nos impulsa más allá de nuestros pensamientos y cálculos.

 

Pero cuando miraron vieron la piedra removida, que era muy grande. Y cuando entraron al sepulcro vieron a un joven sentado al lado derecho, cubierto de una larga ropa blanca; y se espantaron.

Aquella mañana fue distinta a todas las mañanas que habían vivido antes. La primera sorpresa era que su preocupación, la que le llevó una larga charla en el camino, ya estaba resuelta: La Piedra estaba removida. Es que cuando nos acercamos a Jesús, todo obstáculo es removido, aún aquellos que son imposibles, como esas grandes piedras que las mujeres no podían mover. No nos olvidemos que lo que es imposible para los hombres es posible para Dios.

 

-  ¿Por qué buscáis entre los muertos al que vive? Él no está aquí.

Las mujeres no estaban equivocadas en buscar a Jesús, pero estaban equivocadas en el lugar en que le buscaban.   Muchos hoy, como las mujeres en ese tiempo, buscan a Jesús en lugares que no le encontrarán. Le buscan en la religión, en los ídolos, amuletos, fechas religiosas. El no está allí, Él está en nuestra vida cotidiana, en el camino de todos los días.

Dios es el Dios de la vida. No es el Dios de la muerte ni de la religión, ni de los días festivos. Dios es el Dios del mercado, de la fábrica, de la oficina, de tu hogar. No eches a Dios de tus decisiones ni de tus acciones. Dios quiere estar presente en tu vida, en toda tu existencia.

 

-  Ha resucitado, No está aquí

El pasaje no nos dice cuando ni como. Tampoco describe como era el cuerpo después de la resurrección. Si nos dice lo verdaderamente importante y significativo para la vida de los hombres: El ha resucitado y no está aquí. Esto significa que Jesús está vivo ahora. Los cristianos no solo lo recordamos sino que lo adoramos en persona, porque El vive. Y participa en nuestra vida diaria Con Cristo estoy juntamente crucificado y ya no vivo yo mas Cristo vive en mí expresaba el apóstol Pablo

Esto también significa que Dios es más fuerte que el pecado que está en nosotros. Jesús murió por el pecado de la humanidad. Pero este pecado no pudo con el amor y la bondad de Jesús porque El nos libró de la muerte. A este Jesús a quien vosotros crucificasteis, Dios le ha hecho Señor y Cristo.. ellos dijeron ¿Qué haremos?...Pedro les dijo Arrepiéntanse y bautícese cada uno de vosotros en el nombre de Jesucristo para perdón de los pecados y recibiréis el don del Espíritu Santo. Hch 2:36-38