Jacob por Israel

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    Lunes, 09 Mayo 2011
  • Semana
    09.05.11
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Génesis 32:24-30

Todos deseamos, anhelamos y necesitamos cambios profundos en distintos aspectos de nuestra vida. Sabemos que para mejorar necesitamos cambiar y de hecho que lo hemos intentado, aunque la mayoría de las veces sin los resultados esperados.

Leí en un dicho lo siguiente: Si no cambias, llegarás inexorablemente a donde te conduces. Si nuestras reacciones, hábitos, prioridades, decisiones nos han llevado a lo que hoy somos, y en verdad queremos ser distintos, entonces deberemos cambiar alguna de esas cosas mencionadas, porque de lo contrario seguiremos siendo lo mismo.

Hora bien, los nuevos resultados no llegan a la vida en forma mágica, milagrosa o espontánea. Para obtener nuevos resultados debo saber al menos en que debo cambiar y luego tener una voluntad de cambiar.   La gran tragedia de la vida es conformarnos o resignarnos a lo que somos. Decir Yo soy así ¿y qué? es el lema de la vida de quienes prefieren resignarse a cambiar.

La vida de JACOB es en la Biblia una clara enseñanza de que verdaderamente Dios puede transformar para bien la vida de una persona que así lo busca, lo desea y deja a Dios obrar.   A Jacob su nombre lo ponía en evidencia de lo que él era. Su nombre significa “engañador, suplantador” y así era él.   Engañó a su padre y a su hermano dos veces. Su padre le contó a Esaú su hermano mayor: Vino tu hermano con engaño y tomó tu bendición. Esaú con profunda tristeza le contesta: Bien llaman su nombre Jacob, pues ya me ha suplantado dos veces; se apoderó de mi primogenitura y ahora me arrebató la bendición. Gén 27:35

Jacob tuvo que huir de su propia familia, irse lejos donde no le conocieran. Allí encontró esposa, quiso comenzar de nuevo, pero como a nosotros, su pasado y su carácter le seguían a todas partes. Es así que también engaña a su suegro: Y Jacob engañó a Labán su suegro, no haciéndole saber que se iba; y huyó con todo lo que tenía. Es que el cambio geográfico, el cambio de clima o de ciudad, el cambio de trabajo no producen cambios en nuestra vida; a donde vamos nuestro pasado y nuestro carácter nos seguirán.

A Jacob ya se le habían terminado los lugares a donde huir y ya no tenía ganas de comenzar de nuevo en un lugar extraño, sabiendo que él seguía siendo “Engañador e Impostor”.   En medio de su huída se detuvo en un lugar y dejando a parte su esposa, hijos, siervos y ganado, se alejó para estar a solas. En ese lugar, al caer la noche tuvo un encuentro con Dios, y allí lucho reclamándole que lo bendijera, que lo cambiara, que lo transformara. Fue justamente en esa lucha que se aferró a Dios tan fuerte y con tanta determinación que le dijo: No te dejaré ir si no me bendices.

Pero Jacob tuvo que enfrentar su situación.   Dios le preguntó por su nombre y él tuvo que reconocer su carácter de Engañador y Suplantador. No ocultó su debilidad, no la justificó, no minimizó su carácter.   No se mintió a sí mismo ni trató de engañar a Dios, lo dijo su nombre con todas las letras y con todo el peso de la vergüenza.

Allí Jacob fue transformado, allí Jacob cambió su carácter, allí Jacob dejó el viejo hombre y nunca más volvió a ser el mismo. Allí Dios le cambió el nombre y le puso ISRAEL, porque luchó con Dios, se aferró a Dios con todas las fuerzas hasta que Dios lo cambiara, porque él no quería seguir mas siendo el mismo.

Ese lugar se llamó PENIEL. Es el lugar donde los hombre pueden encontrarse con Dios cara a cara, pueden luchar, aferrándose a Él y cambiar para el resto de sus vidas.

El cambio fue tan extraordinario que al encontrarse con su hermano Esaú y 400 hombres que venían con él, para vengarse de lo que Jacob le había hecho, no huyó, por el contrario, se inclinó siete veces, le pidió perdón y le entregó un enorme presente.   Jacob ya no era el mismo, ya era ISRAEL.   Ese cambio le ayudó a restaurar la relación con su hermano y nunca más repitió su antigua y vieja historia. Un detalle muy importante, el pueblo de su descendencia se le conoce con este nuevo nombre “Israelitas”.