


Para poder entender los Pactos que Jonatán hizo con David, debemos entender el contexto en que ambos se conocen. En primer lugar, la Biblia nos cuenta en 1 Samuel 17:1 que en el momento en que David vence a Goliat, el Rey Saúl lo convoca para su servicio.
Es en ese momento, algo sucede en el corazón de Jonatán quien “entabló con David una amistad entrañable y llegó a quererlo como a sí mismo. Tanto lo quería, que hizo un pacto con él. Se quitó el manto que llevaba puesto y se lo dio a David; también le dio su túnica, y aun su espada, su arco y su cinturón” (1 Samuel 18: 1-5). Este es el primer pacto y es un pacto de amor. Conspiró con David, lo que implicaba que su corazón latiría con el mismo latido que el ungido de Dios. Este Pacto implicaba fidelidad y rendición a Dios.
El segundo pacto, es interesante porque implica un crecimiento. 1 Samuel 20: 14-17: “Y si todavía estoy vivo cuando el Señor te muestre su bondad, te pido que tú también seas bondadoso conmigo y no dejes que me maten. ¡Nunca dejes de ser bondadoso con mi familia, aun cuando el Señor borre de la faz de la tierra a todos tus enemigos! ¡Que el Señor pida cuenta de esto a tus enemigos! De ese modo Jonatán hizo un pacto con la familia de David”. Jonatán sabía que existía una promesa que sobre David y conocía que Dios iba a cumplir su promesa de establecerlo en el trono. Este pacto implicaba el deseo personal de rendir todo lo que él era, su proyección de vida (familia e hijos) y su futuro al servicio de Dios.
El tercer pacto es increíble: 1 Samuel 23:15-18: “Estando David en Hores, en el desierto de Zif, se enteró de que Saúl había salido en su búsqueda con la intención de matarlo. Jonatán hijo de Saúl fue a ver a David en Hores, y lo animó a seguir confiando en Dios. “No tengas miedo-le dijo- que mi padre no podrá atraparte. Tú vas a ser el rey de Israel, y yo seré tu segundo. Esto, hasta mi padre lo sabe”. Entonces, los dos hicieron un pacto en presencia del Señor, después de lo cual Jonatán regresó a su casa y David se quedó en Hores”. Jonatán tenía el trono por herencia, sería el rey. Sin embargo, a él no le importaba haber sido el primero en la familia y haber recibido toda su formación en torno a que eso. Lo único que quería hacer era reconocer al ungido y ser el segundo. Teniendo todo a favor, decidió dejarlo todo por amor al legítimo Rey.
Lo más triste de conocer estos tres pactos, es que ninguno se cumplió.
Jonatán fue el primero que supo y reconoció quién era David para Dios y por eso su corazón quedó ligado. Pero lamentablemente, nunca pudo dejar a Saúl, nunca lo abandonó. Intentó hacer pactos con David sin dejar renunciar a lo que lo ataba.
Saúl no solo significa lo pecaminoso en nuestra vida y lo que nos aleja de Dios, también significa hacer las cosas de Dios según la carne. Saúl fue el elemento de destrucción de Jonatán.
Lo único que le quedó a Jonatán fue un niño lisiado. No le deje a sus hijos una herencia espiritual llena de cosas rotas. Que la herencia de sus hijos no sea el espíritu de fornicación o engaño. Que no sea un corazón duro, o un corazón que siempre está contendiendo con Dios, o alguien que ama mucho a Dios pero que ama mucho más lo que tiene en lo oculto.
Dios quiere bendecirte y quiere que los pactos que tú has hecho con él se cumplan pero para eso debes estar dispuesto a dejar a Saúl.