


Los pastores HUGO y SILVIA MARQUEZ pastorean la congregación desde febrero de 1988, fecha en que se radicaron en la ciudad de Neuquén junto con toda su familia.
En junio de 1991 el Espíritu de Dios comenzó a agitarse en la vida interna de la iglesia con manifestaciones que no eran comunes dentro de una iglesia bautista. Una de esas situaciones llevó a nuestro pastor a confrontarse con los espíritus demoníacos que sacudían violentamente a una persona y sin conocimiento previo sobre liberación, con la sola dirección del Espíritu Santo, ministró liberación total a esa persona.
Ese hecho comenzó a abrir el entendimiento de toda la iglesia sobre la realidad del mundo espiritual y su injerencia en la vida real de los hombres. El Espíritu Santo nos fue llevando a partir de ese hecho en un aprendizaje contínuo a la luz de la Palabra y en situaciones nuevas a las que el mismo Espíritu nos impulsaba.
A principios de 1993 el pastor HUGO recibe del Señor una palabra en Josué 3:1-5 que pone los fundamentos espirituales de un nuevo tiempo en la vida de la Iglesia. El pastor convocó a toda la iglesia para los próximos cinco domingos en que la Palabra que sería expuesta marcaría el rumbo espiritual de la Iglesia. El tema central de los cinco mensajes fue: "Condiciones para que la iglesia siga Creciendo". Y los mensajes fundacionales de esta Renovación espiritual fueron:
Un espíritu de gozo, de efervescencia espiritual y de expectativa por las cosas nuevas que vendrían se fue manifestando día a día y el Señor, de una manera sorprendente y amorosa nos iba haciendo crecer en el conocimiento de sus secretos y en el desarrollo de una iglesia que crecía sostenidamente. Todo esto no fue exento de grandes luchas a causa de quines no aceptaban esta transformación en la vida de la iglesia, pero lo que el Señor había iniciado no se detenía, por el contrario, sigue guiándonos en lo nuevo que hay de Él cada día.
Al iniciarse el siguiente año buscamos una Palabra de Dios para la vida de la iglesia y así el Señor nos siguió marcando:
El siguiente cambio fue entender el "sacerdocio de todo creyente" de una manera práctica. No aplicado a la administración de la iglesia sino a la utilización de los dones del Espíritu dados a todos los miembros de la iglesia y no para aplicarlos a los programas internos sino para ministrarlos a la necesidad de las personas que viven en la ciudad.